no es apología, es memoria

carlincatura, 17 abril 2018 - La Republica

La otra reforma pendiente

Publicado: 2018-05-08

Hace algunos días el INEI reveló que, después de 15años de reducción paulatina, la pobreza monetaria subió de 20,7% a 21,7% el añopasado. Estamos hablando de 375 mil personasmás que pasaron a tener vivir con S/. 338 mensuales para cubrir todas susnecesidades básicas (ese es el monto promedio, en el caso de la sierra rural,por ejemplo, se considera S/.250). Quizás se esté preguntando qué acto deprestidigitación puede permitirle a alguien vivir con tan ínfimo monto. Puesno, no es magia, son sacrificios, carencias y angustias cotidianas, más aún en unpaís como el nuestro en el que derechos fundamentales como la salud y laeducación no están garantizados y las familias tienen que sacar de susbolsillos para acceder a los mismos. Por ello, la pobreza monetaria no es unindicador suficiente para dar cuenta de la realidad y puede incluso llevarnos averla con graves distorsiones. Cómo explicar, por ejemplo, que Madre de Diossea una de las regiones con menor pobreza monetaria del país y esté, al mismotiempo, entre las que tienen las más altas tasas de anemia, desnutrición otrata de personas.

Lo cierto es que, más allá de laexactitud de las estadísticas, la situación económica de los peruanos yperuanas ha empeorado y alrededor de 30% son vulnerables y susceptibles depasar bajo esa línea de pobreza.

Desde el mundo gran empresarial y sus vocerospolíticos y mediáticos se han apresuradoen repetir el diagnóstico y la respuesta de siempre. El problema, dicen ellos,son los antimineros, las trabas burocráticas y los altos costos laborales; susolución -aunque no se atrevan a decirla explícitamente- es entoncescriminalizar la protesta, declarar en estado de emergencia permanente las zonasmineras, bajar los estándares ambientales y recortar los derechos laborales.Aunque esta vez, por la fuerza de la realidad, los más pudorosos han tenido queincorporar en su diagnóstico el impacto del Niño costero y del caso Lavajato,se trata de una gran y fresca lavada de manos de quienes han conducido lapolítica económica del país en las dos últimas décadas.

Desde hace años atrás, varios veníamos alertando delos riesgos de una economía dependientedel remate de nuestras materias primas. Pero ellos estaban tan obnubilados porlas jugosas -aunque falaces- rentas que nos tildaron de aguafiestas cuando dijimosque no podíamos dormirnos sobre nuestros laureles y que debíamos aprovechar elciclo de precios altos de commoditiespara diversificar la economía y aumentar la productividad. No despertaron nicuando los precios de los commoditiesempezaron a caer a partir del 2013 y la economía urbana empezó a estancarse, sequedaron pasmados y, cuando empezaron a reaccionar, fue para hacer todo locontrario de lo que había que hacer. Hacia el final de su mandato, Humala notuvo mejor idea que bajar el impuesto a la renta a las grandes empresas con elargumento de que iban a reinvertir lo ahorrado (cosa que obviamente nuncaocurrió); luego, el presidente “de lujo” –sí, ese era Kuczynski, ¿se acuerdan?-no hizo sino empeorar las cosas: cerró todos los caños del presupuesto, redujola inversión pública (de 5% del PBI el 2015 a 4,5% el 2017%), encarpetó losprogramas de diversificación productiva, mantuvo las millonarias exoneracionestributarias a grandes empresas (mineras, bancos, universidades privadas y hastacasinos, etc., cuyas exoneraciones suman cerca de S/.16 mil millones), permitiólas millonarias devoluciones al sector minero (S/. cerca de 6 mil millones el últimoaño), mantuvo enterrada la norma XVI que hubiera permitido combatir la elusióntributaria, continuó el remate de nuestros recursos entregando, por ejemplo, 5lotes petroleros en la Costa norte sin los estudios técnicos ni consultas indispensables-¡un día antes de dejar la presidencia! -, etc. Resultado: la economía se frenó,los ingresos reales y el empleo cayeron, la pobreza aumentó y, encima, larecaudación llegó a su nivel más bajo de los últimos 15 años -lo que la sitúaentre las más bajas de América Latina y del mundo- manteniéndonos coneducación, salud pública, seguridad ciudadana e infraestructura deficitarias.

Esta vez no basta con quedarse de brazos cruzadosesperando que los precios de los minerales vuelvan a dispararse. De hecho, hace dos años que los precios de losminerales han empezado a recuperarse, pero eso no ha sido suficiente parareactivar la economía porque son los sectores no primarios (manufactura,comercio, construcción) -los que dan trabajo principalmente en la zona urbana-los que están quebrados. No, no es tiempo de milagros, es tiempo de accionesdecididas y coherentes desde el Estado. Por eso resultaría incomprensible queel gobierno de Vizcarra se aferrara a la misma vieja receta que ya mostró suslímites. Lo bueno es que ha ofrecido aumentar la inversión pública, lo malo esque no queda claro de dónde. ¿Reduciendo gasto como ha anunciado el MEF? ¿Qué significaeso?, ¿optimizar el gasto o achicar aún más nuestro ya flaco Estado? ¿Bastará conrecuperar las exoneraciones tributarias de la Amazonía para entregarlasdirectamente a las regiones? No, definitivamente, no.

Así como en el terreno político se necesita unaverdadera reforma electoral –y no meros parches-, en el terreno económico senecesita una verdadera reforma tributaria:reducir las devoluciones –ahora, no en unos años-, reducir las exoneraciones,implementar la norma antielusión, en suma, recuperar los miles de millones quehoy el Estado regala a los grandes empresas para invertirlos en mejorar lasalud y la educación, en reactivar la inversión pública, dinamizar el mercadointerno, abaratar el crédito, sentar las bases de una economía diversificada (conceptoausente de la propuesta del gabinete), productiva, sostenible, con innovación, valoragregado y empleo digno. Está en sus manos, Señor Vizcarra, no pierda otraoportunidad.

Verónika Mendoza

(Una versión resumida del presente artículo fue publicada en La República el 7 de mayo 2018:

https://larepublica.pe/politica/1238472-reforma-pendiente)


Escrito por


Publicado en